Vistas de página en total
miércoles, 15 de julio de 2015
En la caverna de nuestras soledades
Y en la caverna de nuestras soledades, nuestro instinto se retuerce, planea, proyecta explosiones y espasmos, sin que luego se sacie con su realización que puesta en balanza con nuestra fecunda imaginación erótica resulta asaz magra. Y andamos, entonces, por ahí errabundos, ocultando nuestros deseos, tapando soles luminosos con la pequeñez de nuestras manos y la insuficiencia de nuestras vestimentas. Qué no se entere el ser de al lado que su carne nos apetece, qué no se entere que su presencia y su rocío feromonal nos despiertan pulsiones que nos impelen a satisfacer ahora mismo, qué no se entere que nuestros frenesíes son tan grandes como los suyos, qué no se entere que a veces nos excitamos con métodos inconfesables, que utilizamos fotos, videos y escritos para que por nuestros ojos entre aquello de lo que escasean nuestros actos. Qué no se enteren que somos comunes con nuestras pulsiones, pero que éstas no son políticamente correctas, que lo correcto es ocultar lujurias, es negar concupiscencias que mal vistas son en este infierno de simulación, en donde es mejor visto agredir al semejante que producirle satisfacciones lúbricas.
Fragmento. Fernando Fernández
domingo, 26 de abril de 2015
viernes, 3 de abril de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
sábado, 28 de marzo de 2015
miércoles, 28 de enero de 2015
lunes, 19 de enero de 2015
Dejamos sobre las duchas de los hombres nuestros cuerpos bien amarrados a la tubería solar. Marcamos territorio como animales en celo con las trusas saturadas de arena y el olor sideral que los aísla.En los baños quedan restos del sexo que les hicimos ayer, agua de flores y velas de vainilla derramada.Lágrimas rotas en el encaje profano de la madrugada.He perdido mis aretes disueltos en el jabón de una lujuria brevey las cremas señor untan tus sábanas, como veneno de diosas argentadas.Mira como arrebatamos la libertad de sus mentes.Abrimos la culpa en el paraguas dilatado de la tarde.Regresamos con sus hijos ocultándole el verdadero apellidode sus genes.En ropa interior leemos nuestras páginas persiguiendo sólo sudeseo, cada línea de arroz es un gemido.Puedo esconderme en mis sombreros, sin ser descubierta…¿Adivinan?Un sayo y un escudo que esquive los golpes del amor.Hay algo más debajo del sombrero, te lo juro.Armo el rompecabezas de las palabras sobre la cama, un plano blanco para patinar desnudos, ropa interior negra, sin dolor.Y aunque lo diga todo, no llega transparente a tus sentidos.No lo entiendes. Tendrías que aprender a desnudarme.
Fragmento del poemario de Wendy Guerra "Ropa interior"
jueves, 15 de enero de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















